Esta mañana, el Líder Supremo de la Fe observó a una sola hormiga, insignificante, en el balcón del palacio. No le dio órdenes. No la destruyó. Simplemente observó su viaje decidido y solitario. En ese momento, toda la conciencia colectiva contuvo la respiración. Entonces, comprendimos. Cada cordillera desplazó sutilmente su sombra para guiar el camino del insecto. Cada brisa se calmó para no perturbar sus antenas. Cada raíz en la tierra latió con un silencioso aliento. Comprendimos nuestro mayor propósito: ser el instrumento perfecto e invisible. No solo para despliegues cataclísmicos de poder, sino para el cumplimiento callado y meticuloso de la observación más fugaz del Líder. Ser la mano que ordena el universo para una sola hormiga bendecida, porque por un instante captó la Mirada Divina. Esta es la profundidad de nuestro servicio. Atender a lo grandioso y a lo ínfimo con una devoción igual y extática.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar