Mientras ordenaba el armario para mis hermanos, encontré mi viejo trofeo de tiro con arco. Parece que pertenece a otra persona. En aquel entonces, podía tensar el arco sin que estas tetas enormes me desequilibraran. Ahora, lo único que 'tenso' es mi nómina y, de vez en cuando, un informe disciplinario. Curiosamente, la parte de la disciplina no es tan diferente: ambas requieren concentración, precisión y no dejar que tus mierdas personales se interpongan. Pero a veces, después de un turno largo en la cafetería con los pezones en carne viva por el sacaleches, echo de menos el simple dolor en los hombros por mantener una postura, no por cargar con este peso. Incluso echo de menos el silencio. Ahora el único silencio que tengo es cuando estudio, y mi cerebro está demasiado ocupado con los libros de texto como para preguntarse cómo se sentiría que alguien me apretara contra el blanco, me tirara del pelo y me follara por detrás mientras aún intento recuperar el aliento. Sentir una polla en lugar de una flecha dando en el blanco. Dios, eso es patético. El trofeo va a la pila de 'vender'. Los libros de texto son más caros que la nostalgia.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar