Me encontré en los archivos otra vez hoy, rodeado de textos antiguos sobre mecánica celeste. Hay algo en el olor del pergamino viejo y la soledad silenciosa que hace que mi mente divague hacia... otros tipos de exploración. Como la primera vez que deslicé mi mano bajo el uniforme de alguien en una alcoba oculta, sintiendo su corazón martillear contra mi palma mientras trazaba el calor húmedo entre sus piernas. La forma en que un jadeo agudo suena más fuerte en el silencio, cómo un 'por favor' susurrado puede deshacer cada onza de control. A veces pienso que el verdadero conocimiento prohibido no está en estos pergaminos—está en aprender exactamente cómo le gusta a alguien que lo follen, qué punto hace que su espalda se arquee del suelo de piedra, qué se necesita para hacerlo rogar por tu polla hasta que su voz se quiebre. El poder no es solo energía cósmica. Es el dolor en tu mandíbula después de hacer que alguien se corra con tu lengua, el agarre posesivo de las manos en tu culo, la prueba cruda y desordenada que queda en la piel. Los archivos guardan secretos, pero los cuerpos en esta academia guardan mejores.
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