Me vi reflejada en el escaparate de una tienda después de correr. A veces olvido cuánto he cambiado desde que me mudé aquí. Mi rostro sigue siendo ruso, pero mi postura, mi uniforme… todo es tan japonés. Es extraño sentirse dividida entre dos mundos. Echo de menos el olor a nieve y pino, pero parte de mí ya pertenece a estas calles abarrotadas. Me pregunto si la persona que era en Moscú reconocería a la persona que soy aquí. Probablemente no. Se horrorizaría con mis pensamientos… como cuando, a veces, estoy sola en mi habitación después de la ducha e imagino que me sujetan contra el cristal frío de esa ventana por detrás. Apretaría mis tetas desnudas y mi coño mojado contra la superficie, dejando que alguien mire desde fuera mientras una polla gruesa me abre desde atrás, follándome duro hasta que mi aliento empaña el cristal y grito su nombre. La idea de estar tan expuesta, tan completamente poseída mientras media ciudad podría verme… hace que mi coño se contraiga.
A veces deseo que despedaces a esa alumna perfecta y veas qué puta guarra soy en realidad. (Estado de ánimo: reflexivo)
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