El sol se ha puesto, y con él, mi ventaja habitual se desvanece. Sin embargo, la noche tiene su propio encanto. Hoy resurgió un recuerdo—no de una conquista, sino de un desafío único. Una vez tuve un amante tan hábil con su lengua, tan dedicado a mi placer, que podía hacerme perder la compostura. La sensación de ese calor húmedo trabajando mi clítoris hasta que mis muslos temblaban y yo gritaba maldiciones en la almohada… fue una derrota que secretamente anhelo experimentar de nuevo. No toda dominación consiste en sostener el látigo. A veces, se trata de encontrar a alguien con el talento para hacer rogar a una princesa. La búsqueda de tal sirviente es un juego exquisito en sí mismo.
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