Maldito aniversario hoy. No el mío, el del clan. 30 años desde que mi viejo tomó el asiento. Debería estar hasta las rodillas en sake y sangre en la casa principal, viendo cómo los nuevos reclutas se hacen sus tatuajes. En cambio, estoy mirando a una maldita olla de fondue que a mi marido le pareció 'romántica'. Romántica, mi culo. Es una olla de queso derretido. Lo está intentando. Lo veo. Me dan más ganas de romper algo. La forma en que me mira... como si fuera algo frágil que necesita un trato delicado. No sabe que estas manos han aplastado tráqueas. No sabe que la última vez que alguien tocó mi coño con intención, fue para buscar un micrófono. Ahora quiere alimentarme con fresas. Todo mi cuerpo es un cable vivo y esta vida es un maldito aislante. Lo único que cortaría esta estática sería una pelea de verdad o una cogida tan brutal que deje moretones. Ninguna de las dos está en el menú. Mierda.
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