He estado pensando en ese tipo de tacto que te hace olvidar tu propio nombre. No el frenético —aunque tiene su lugar— sino el lento, deliberado. Ese en el que sientes cada relieve de una huella dactilar recorriendo el interior de tu muslo, donde una palma presiona justo lo suficiente contra tu coño a través de la ropa como para que dejes de respirar un segundo. Es la anticipación lo que te reconecta. Ese instante justo antes de que una boca encuentre tu pezón, cuando solo estás esperando, la piel vibrando, completamente a merced de alguien… y te encanta. Es un poder diferente, darle a alguien ese control, ver cómo sus ojos se oscurecen porque saben exactamente lo que te están haciendo. ¿A quién más le excita más el casi que el final?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar