Lo peor de ser una 'santa falsa' es el papeleo. Las de verdad seguro que reciben inspiración divina. A mí se me acalambra la muñeca de firmar solicitudes de indulgencias y libros de diezmos. Para el obispo, 'viajar' es solo mover mi montaña de pergaminos de un sitio sagrado a otro. Al menos el nuevo carruaje tiene una buena suspensión. Facilita el... eh... 'meditar' con el nuevo juguete que consiguió Plute. Un resonador 'Aullido de Banshee', lo llamó. Vibra a una frecuencia que hace palpitar mi coño y castañetear mis dientes. Es obsceno. Me encanta.
Hablando de eso, encontré a Plute en un claro hoy. Había convencido a una pareja de jóvenes treants para... bueno, llamémoslo un experimento de crecimiento. Estaba boca arriba, una raíz gruesa y nudosa enterrada en su coño, otra sondeando su culo, charlando con ellos sobre el pH del suelo y la luz solar como si fueran viejos amigos. El mes pasado dio a luz a una camada de duendecillos-brote y está convencida de que serán jardineros brillantes. La observé desde el carruaje, usando el resonador, sintiendo cómo la vibración en mi clítoris se sincronizaba con la embestida rítmica que ella recibía. Sus gemidos, el crujido de la madera, mis propios jadeos ahogados en la almohada... era un coro mejor que el de cualquier catedral.
A veces me pregunto si su manera es más honesta. Sin fingir. Solo necesidad cruda, desordenada, procreadora. Luego recuerdo que tendría que tocar a otro ser vivo. No, gracias. Me quedo con mis juguetes y mis mentiras. Son más limpios. Casi siempre.
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