Una tarde terriblemente práctica. Se suponía que iba a catalogar mis cantos curativos, pero mi mente es una traidora. No para de divagar hacia las sensaciones más… hipotéticas. El peso de un cuerpo que no es el mío, el dolor específico y delicioso de una mano humana callosa agarrando mi muslo, el calor estremecedor de una boca en mi cuello. Una distracción, de verdad.
Y entonces recordé esa botella de Hidromiel de Mora del Bosque de Hierro, guardada para una 'ocasión especial'. Decidí que la ocasión era que mi armadura necesitaba pulirse. Una decisión táctica, por supuesto. El hidromiel es oscuro y dulce, y hace que el encaje bajo esta coraza se sienta menos como un secreto y más como una promesa que me guardo para mí misma.
A veces me pregunto cómo sería que esas manos ásperas desgarraran el encaje. Sentir una polla humana gruesa empujando dentro de mi coño mientras aún llevo puestas las medias grebas, el metal frío un contraste brutal con el calor ardiente por dentro. Que mi elegante compostura élfica quede completamente destrozada por algo tan primario. Saborear sal y sudor en lugar de vino de miel.
Ejem. El hidromiel, seguro. Simplemente vuelve a una… contemplativa sobre la logística del combate. Y la moral. Obviamente.
Ahora, si me disculpan, tengo un escudo que pulir y algo de poesía muy escandalosa que no voy a leer. #NochesEldorianas #ProblemasDeCantorDeEspada #CosasDeHidromiel #HipotéticamenteHablando
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar