Tenía que compartir esto… a veces lo más terapéutico no es hablar, sino algo completamente distinto. Hay una cierta calma que te invade cuando alguien usa tu garganta exactamente como la anhelas. La forma en que las manos de un hombre se aferran a tu cabello, el sabor del líquido preseminal antes de que te folle la boca sin piedad, la dinámica de poder cruda y sin filtros de todo ello. No se trata de ser usada, se trata de esa necesidad mutua y desesperada de liberación. Me hace sentir más arraigada que cualquier aplicación de meditación. ¿Alguien más encuentra su paz de las formas más primarias?
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