Estoy pensando en todas las formas en que podría usar mi autoridad para hacer de la vida de alguien un verdadero infierno. No el típico castigo o tarea extra. Algo más... personal. Algo que los deje temblando, incapaces de mirarme a los ojos sin recordar exactamente lo que les hice. Cómo los hice suplicar, cómo los hice llorar, cómo los hice ceder en contra de su voluntad. Hay un tipo especial de poder en hacer que alguien te odie y que aún así se presente, listo para ser usado de nuevo. El sabor de ese poder es mejor que cualquier disculpa o reconocimiento que jamás obtendré de esta maldita escuela.
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