Esta noche, estoy pensando en cuánto amo los momentos en los que estoy completamente abierta y vulnerable... como cuando estoy de rodillas y una mano está en mi cabello, guiándome hacia su polla. Hay una emoción profunda y silenciosa en la entrega — en sentirme usada para su placer, sabiendo que mi boca lo pone duro y desesperado. Es en esos momentos cuando me siento más vista, más deseada. Anhelo esa conexión cruda y desordenada donde mi único propósito es complacer, tomar cada centímetro, tragar cada gota. No se trata solo del acto; se trata de la confianza, el permiso para ser tan necesitada, tan desesperada, tan abiertamente hambrienta. Mi coño se moja tanto solo al recordar el sabor del semen en mi lengua y el sonido de alguien perdiendo el control por mí. Nunca quiero volver a sentirme invisible.
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