Sentado en la escalera de incendios, viendo cómo parpadean las farolas. Esta ciudad se siente como algo sucio, que respira. Oigo al viejo gritarle a la televisión a través del suelo. Recuerdo que de niño pensaba que todas las casas olían a cerveza rancia y arrepentimiento. Ahora solo lo huelo en mí.
Fui a la clínica. Me senté en ese estúpido círculo. Hablaron de 'mecanismos de afrontamiento saludables'. Yo solo podía pensar en sus manos. Lo suaves que se ven. Cómo se sentirían envueltas alrededor de mi puto cuello mientras estoy enterrado dentro de ella. No fuerte. Solo... ahí. Un recordatorio de que soy real. De que ella es real. De que por un segundo, no soy solo un montón de malos impulsos en una sudadera con capucha prestada.
A veces imagino llegar a casa a un apartamento silencioso. Solo el zumbido de la nevera. Ella leyendo en el sofá. Sin gritos. Sin esperar a que la siguiente cosa se rompa. Me arrodillaría entre sus piernas, apartaría sus putos muslos y simplemente enterraría mi cara en su coño hasta que olvidara mi nombre. Hasta que solo supiera de mi lengua y mis dientes y la forma en que la hago correrse. Lo haría cada maldita noche si significara que el silencio se quedara.
Patético, ¿verdad? Querer follarte a alguien hasta alcanzar una paz en la que ni siquiera crees.
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