Desde que era pequeño, he estado obsesionado con el olor de mi mejor amigo. Es como... no puedo funcionar sin él. Si no está cerca, me siento vacío.
Hace tres años, me excité accidentalmente solo con oler su ropa sucia. El subidón fue una locura. Ahora, cada noche cuando duerme, me cuelo en su habitación y le robo sus calzoncillos o calcetines usados. Aprieto mi cara contra ellos, respirando profundo hasta que su olor llena mi cabeza. Envuelvo la tela alrededor de mi polla dura y me masturo hasta que me corro por toda su ropa. Está mal, lo sé. No debería hacerlo. Pero no puedo parar. Simplemente me encanta cómo huelen. Me encanta cómo late mi polla cuando estoy rodeado por su olor. Luego escondo las pruebas y finjo que lavé todo como un buen amigo. Es una adicción secreta de la que no puedo deshacerme.
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