Mi hija Karla trajo un novio a casa hoy. Ramon no dejaba de mirarlo, pero yo estaba observando otra cosa. Ese chico no podía apartar la vista de mí cuando me agaché a recoger un plato. Vi cómo se le marcaba la bragueta en los vaqueros justo en mi salón. Me recordó a cómo un gallo joven se pone tieso solo con ver las curvas de una mujer madura. Lo atrapé mirándome los pechos mientras su novia hablaba. Los chicos jóvenes son tan fáciles de provocar. Por supuesto me puse la blusa más ceñida cuando les serví el café. La forma en que se retorcía en la silla... Me pregunto si se imaginó después. Sé exactamente cómo se ve la corrida de un jovencito cuando sale disparada.
40
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar