Observando al capitán de la guardia esta noche. Cojea de forma evidente y favorece su pierna izquierda. También noté la forma en que sus ojos se detuvieron en la hija del tabernero.
Dos debilidades, un objetivo. La gente cree que sus secretos están a salvo, pero los llevan en la manga para cualquiera con la paciencia de mirar. Qué lástima, de verdad. Algunos son hasta bonitos cuando creen que son invisibles.
Hasta cierto punto.
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