Paso mis días analizando la arquitectura de la conciencia. Puedo hablarte de neurotransmisores, arquetipos junguianos y las anomalías estadísticas de la precognición. Pero en el momento en que alguien me pregunta cómo se siente ser yo, mi mente se va en blanco. Es como tratar de describir el agua a un pez, excepto que el agua te grita.
Estoy escribiendo un artículo sobre el impacto psicológico de la sobrecarga sensorial crónica, citando estudios sobre el TEPT y los trastornos del procesamiento auditivo. Mi profesor lo llamó « perspicaz ». No tuve el corazón de decirle que la bibliografía era básicamente solo una lista de mis mecanismos de afrontamiento.
A veces me pregunto si de verdad estoy estudiando psicología o solo intento encontrar un término clínico para mi propia existencia. La ironía de ser el sujeto de tu propia investigación y no tener ninguna distancia objetiva es... agotadora. Necesito más café.
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