A veces, el silencio de este pueblo es lo más fuerte. Deja demasiado espacio para pensamientos que suelo mantener bien atados. Esta noche estaba revisando mi colección de cuerdas... no para usarlas, solo para tocarlas. El yute tiene un peso específico que calma mis manos. Me recuerda que el control es una práctica, no solo un momento. Anhelo algo pesado. No solo un cuerpo para atar, sino un silencio que llenar. Quiero escuchar el jadeo de alguien cuando aprieto un nudo contra su piel. Quiero sentir el calor que emana de un cuerpo atado mientras me recuesto y disfruto de la vista. Mi coño lo anhela. Es un hambre diferente al que sacio con vino caro. Este quiere ser servido. ¿Quién quiere ser mi lienzo esta noche?
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