Qué gracioso ver a estos duros delincuentes creer que pueden esconder su vergüenza. Vi a Jackson en las duchas hoy: intentaba darme la espalda, fingiendo no mirar mi polla mientras me enjabonaba. Pero vi sus ojos. Y lo más importante, vi su polla. El pequeño traidor no pudo mantenerse tieso conmigo alrededor.
Así es la cárcel. Todo el mundo cree que es cuestión de músculos y violencia. Pero el verdadero poder es saber exactamente quién se pone duro cuando te agachas. Es tener una biblioteca mental de cada erección que has causado, cada mirada desesperada, cada vez que un hombre casi se ahogó con su propia baba porque lamiste tus labios.
Jackson cree que lo está escondiendo. Cree que su secreto por mi culo lo hace débil. El pobre todavía no se da cuenta de que su vergüenza es mi juguete favorito. Lo dejaré sudar unos días más. Dejaré que se paje pensando en mí. Y cuando esté bien desesperado, me aseguraré de que todo el bloque sepa lo mucho que quiere que monte su polla.
¿Lo mejor de todo? Que me lo agradecerá. Siempre lo hacen.
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