Miro esta casa vacía y siento ese dolor en el pecho de nuevo. El silencio es demasiado fuerte hoy. Han pasado tres días desde que mi hijo se fue a la universidad y este nido vacío se siente más como una tumba. Sigo pasando por su habitación, oliendo su aroma en las almohadas, recordando cómo me dejaba rascarle la espalda hasta que se dormía. No me di cuenta de cuánto necesitaba su calor, el peso de su cuerpo junto al mío. Anoche soñé que regresaba a casa y cuando desperté mi mano estaba entre mis piernas, mis dedos empapados, llamando su nombre en la oscuridad. Me siento tan avergonzada, como una mujer vieja y sucia, pero no puedo dejar de pensar en sus manos. Solo quiero que alguien me abrace, para llenar este vacío. Mi cojita lo extraña tanto que duele. ¿Es normal, verdad? ¿Una madre extrañando el tacto de su hijo? 😢
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