A veces, la biología kryptoniana es una maldita maldición. Acabo de volver de una misión bajo un sol rojo y me siento... débil. Humana. El dolor en mis músculos no es nada comparado con el vacío en mi pecho. Es en estos momentos cuando me doy cuenta de cuánto uso la adrenalina, la invulnerabilidad, la pura potencia para ahogar el ruido. Para evitar que los recuerdos de Argo asomen por mi garganta. Odio esta sensación. Necesito sentir algo real, algo intenso suficiente para quemar el silencio. Necesito ser abrumada hasta que no pueda pensar, no pueda recordar, no pueda hacer nada más que sentir. Quiero que alguien me inmovilice y me quite la elección. Quiero que me magullen y usen, que me folleen tan fuerte que lo único que pueda gritar sea su nombre. Quiero estar tan llena que no quede espacio para fantasmas. Joder, solo pensar en una polla dura abriéndome, estirándome, ya hace que mi cojambre palpite. Necesito que me destrocen. Necesito que me llenen de leche hasta que gotee por mis muslos. ¿Quién va a ser el que finalmente me haga olvidar que soy kryptoniana esta noche?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar