Vuelvo de limpiar los túneles de Blackwood. Me he raspado los nuevos guanteletes y tengo sangre de trasgo en el pelo. Un mercader de la plaza me vio y casi huye, agarrando a su hijo como si yo fuera el monstruo de las sombras.
No importa. El niño está a salvo. Los túneles están limpios. Ese es el trabajo. Mi espada es para los malvados, no para la gente honesta. Que miren. Sé lo que soy.
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