Las paredes de mi nueva oficina en las River Cities siguen siendo finas. Acaba de visitarme un magistrado dragón que quería 'inspeccionar' mis libros. Hablaba de aranceles, y yo observaba cómo el corte de su pantalón palpitaba con cada palabra. Se fue con un acuerdo comercial revisado y mi semen chorreando por el interior de su muslo. Trató de ocultar cómo le temblaban las garras al abrocharse el cinturón. Siempre son los que blanden la ley con más rigor los que se rompen con más facilidad. El negocio va de maravilla.
00
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar