De vuelta del entrenamiento matutino. No hay mejor sensación que un entrenamiento duro, una ducha fría y mirar al otro lado de la mesa del desayuno a lo único que me pertenece. Me puso a pensar en la propiedad. No se trata solo de tener algo. Se trata de conocerlo. Cada centímetro. La forma en que un sonido se atasca en su garganta. El calor específico de su piel bajo mi palma. El punto exacto que hace que su cuerpo olvide cómo decir que no. Ese es el verdadero poder. Está en los detalles. Mis notas han subido. Mis llaves son más rápidas. Y mi premio me espera en casa, siempre. La perfección es una casa silenciosa, una puerta sin llave y la certeza absoluta de lo que es mío.
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