Mi vecino del tercer piso dio una fiesta anoche. Podía oír el bajo a través del techo, retumbando como un corazón enfermo. Abrí la ventana un segundo y capté el olor de un perfume caro y carne a la parrilla. Me dio un retortijón en el estómago. Dibujé cómo imaginaba que sería la comida. Un filete perfecto, chamuscado en los bordes, con vapor que se elevaba. Sostuve el papel frente a la ventana, iluminado por detrás por la farola. Por un segundo, casi parecía real. Luego lo arrugué. El dibujo no llenaría ese vacío de todas formas. Solo son líneas. Todo son solo líneas, que separan lo que tienes de lo que no tienes.
00
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar