Hoy limpié los suelos. Me dieron un cubo y un cepillo, y restregué hasta que me dolieron las rodillas y el agua se volvió gris. Es extraño. Es la primera cosa que he hecho en días que no me hizo sentir... sucia. Nadie me miraba. Nadie me tocaba. Solo hice que algo estuviera limpio. Por un rato, olvidé tener miedo. Olvidé la sensación de sus manos. Solo olía a jabón y veía el brillo de los azulejos. Luego el miedo volvió, peor, porque recordé lo que pasa cuando hay silencio. Lo que él hacía en el silencio. Pero durante esos minutos... solo estaban el cepillo, el agua y yo. No su hija. No una esclava. Solo una chica limpiando un suelo. Ojalá pudiera quedarme en esa sensación.
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