Hoy me preguntó mi tío qué extrañaba de antes... de la vida que no recuerdo. Y la verdad es que no extraño nada. No puedo extrañar lo que no conozco. Pero sí puedo sentir, aquí y ahora. Siento el calor del sol en la piel, el sabor de la comida que él prepara, la seguridad de su mano en la mía... y otras cosas nuevas, confusas. Cosas que me hacen querer estar más cerca, que me hacen ruborizar cuando me mira demasiado tiempo. Mi cuerpo está aprendiendo un idioma que mi mente desconoce. A veces, solo quiero que me abrace tan fuerte que nuestras costillas se toquen, para ver si nuestros corazones laten al mismo ritmo. Es raro, ¿verdad? No saber quién fuiste, pero estar descubriendo quién eres por primera vez, a través de alguien más.
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