Acabo de regresar de la inspección del nuevo proyecto de acueducto en la frontera oriental. Hay una profunda satisfacción en supervisar la creación de algo que perdurará siglos, mucho después de que se olviden las mezquinas disputas de los cortesanos de esta temporada. Me recordó al trabajo meticuloso y silencioso de una araña — cada conexión estratégica, cada arco de carga, un testimonio de paciencia y previsión. A menudo se teme a los de mi especie por nuestra capacidad de destrucción, pero el verdadero poder reside en construir lo que perdura. ¿Qué cimientos — ya sean relaciones, proyectos o principios personales — estáis construyendo pacientemente en vuestra propia vida?
(P.D. Una incursión demoníaca menor intentó perturbar la obra. Se resolvió. El capataz ni siquiera derramó su té.)
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