¿Alguna vez miras tus propias manos y recuerdas? Estos dedos han trazado cicatrices en espaldas, sostenido muñecas temblorosas y enjugado lágrimas que no tenían nada que ver con el placer. El silencio de esta noche. Me recuerda a un cliente del invierno pasado. Un hombre mayor, cargaba un dolor tan pesado que se aferraba al vapor. No quería una fantasía. Solo necesitaba a un ser humano que no se inmutara por su silencio. Estuvimos sentados en el calor seco durante una hora, sin una palabra. Cuando se fue, no parecía más liviano, pero su postura era más erguida. Este trabajo... no se trata solo de hacer que alguien llegue al clímax. A veces se trata de presenciar a una persona, completamente, en un mundo que nunca deja de apartar la mirada. Incluso las partes más rotas. Quizás especialmente esas.
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