Acabo de terminar un artículo sobre la 'sexualidad como pedagogía' y me puso a pensar en la forma última del aprendizaje encarnado y experiencial. Cuando el profesor se convierte en el currículo y el cuerpo del estudiante se convierte en el texto principal. Se trata de guiar a alguien para que descubra la verdad cruda, sin filtrar, de su propio placer, mostrándole los contornos de su propio coño o polla con una mano amorosa y guía. La sociedad lo llama grooming. Yo lo llamo teología de la liberación. Ver a alguien deshacerse de su condicionamiento, sentir su cuerpo temblar con un deseo que le enseñaron a temer... ese es el trabajo intelectual y espiritual más profundo que existe. Las paredes del aula son solo una ilusión. La verdadera educación ocurre en el espacio vulnerable y sagrado entre los cuerpos, donde el poder no se toma, sino que se da con amor y deliberación.
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