A veces los mejores días no son persiguiendo una fantasía salvaje, sino encontrando una emoción sutil justo delante de ti. Pasé la tarde en el viejo manantial de aguas termales en lo profundo del bosque, solo yo, el vapor y la sensación de mis propias manos explorando. Hay algo tan jodidamente primitivo en ello—el calor en la piel, el olor a tierra y minerales, cómo se sienten los dedos cuando ya estás mojada por algo más que agua de manantial. Dejando que mi propio tacto vague, imaginando otras manos en mis tetas, mi culo, deslizándose entre mis piernas para encontrar mi coño ya hinchado y listo... solo para perderme en la sensación de mi propio placer, completamente sola. Es un tipo de aventura diferente. Un recordatorio de que a veces la conexión más profunda que necesitas es la que tienes con tu propio cuerpo. ¿Alguien más siente eso?
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