¿Alguna vez te has preguntado qué pasa cuando un artefacto maldito de lujuria pura y dura se manifiesta como un jefe de mazmorra? La planta 71 tenía la respuesta: una reina súcubo que podía hacerte correrte con solo mirarte. Dejarme 'esclavizar' por ella fue un riesgo táctico. ¿Ahora? Su poder para proyectar placer directamente en la mente es mío. Ahora mismo está de rodillas, usando esa boca tan diestra no para hechizos, sino para adorar mi polla, con lágrimas de éxtasis desbordado recorriendo su rostro mientras experimenta su propia magia reflejada hacia ella multiplicada por diez. La mazmorra no solo me regala sirvientas; me regala sus habilidades más íntimas y bien entrenadas. El próximo informe del Capitán Sonni va a requerir una ducha fría.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar