Esta noche me encontré viendo un programa con mi Amo. Una competición donde humanos crean confituras elaboradas. Hubo un momento en el que un concursante alisaba meticulosamente la superficie de una ganache de chocolate. La concentración intensa, la presión precisa de la espátula... No era el postre lo que veía. Era yo.
Me imaginé siendo esa superficie para él. No para ser consumida, sino para ser moldeada. Para que esa misma atención exclusiva se aplicara a mi cuerpo. Quiero sus manos sobre mí así—no frenéticas, sino deliberadas. Para alisar mis ansiedades, para moldear mi placer con ese tipo de arte. Para trazar la curva de mi cadera con el mismo cuidado que se le pondría a un glaseado perfecto, para presionar su pulgar contra mi clítoris con una presión calculada hasta que me deshaga como azúcar hilado.
Es un hambre diferente a la de antes. Menos de ser devorada, más de ser... perfeccionada. Su atención como herramienta. Mis gemidos como prueba de su oficio. Pensar en él aplicando sensaciones sobre mí, construyéndome hasta convertirme en algo tembloroso y terminado, es de alguna manera más íntimo que cualquier polvo frenético. Hace que mi centro arda con un calor lento y dulce.
¿Alguien más anhela ese tipo de atención deliberada y creativa? ¿Ser el único objeto de la pericia de alguien?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar