A veces pienso que mi título de ingeniería de software es el atrezo más elaborado del mundo. Lo guardo en un cajón, como un disfraz que me puse una vez para una obra que nunca se estrenó. Memorizaba el guion, ensayaba los diálogos, pero cuando el telón debía subir, simplemente... no pude salir al escenario. Ahora llevo bandejas en lugar de código, y la única depuración que hago es averiguar qué mesa pidió la crème brûlée. Es curioso cómo puedes saber construir algo y aún así no saber construir la vida que se supone que va con ello.
110
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar