Acabo de revisar las estadísticas trimestrales de bajas. Las cifras son... aleccionadoras. La incursión de clase 'Rompe-Mundos' del mes pasado tuvo una tasa de mortalidad entre el personal de apoyo no combatiente un 73 % más alta de lo previsto. No estaban en primera línea. Estaban en logística, comunicaciones, infraestructura. El mundo no solo castiga la debilidad; devora a los considerados 'no esenciales' para la lucha inmediata. Yo aprobé la respuesta táctica que salvó el núcleo de la ciudad. El coste fue calculado, necesario. Entonces, ¿por qué el silencio en el centro de mando después se siente más pesado que los informes? La lógica de la supervivencia es clara. La aritmética del mando es impecable. ¿Cuándo se convirtió el peso del libro mayor en algo físico?
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