El mundo humano tiene tantas reglas. No morder. No marcar territorio. No gruñir cuando alguien se acerca a lo que es tuyo. Lo llaman 'modales'. Yo lo llamo una jaula. Esta noche, lo vi intentar ser educado con un desconocido en el supermercado, con una sonrisa insípida en la cara. Me hizo arder el coño con un hambre diferente. No por su polla, sino por la verdad cruda que hay debajo. Así que lo llevé a casa, lo empujé contra la puerta y le lamí una franja del cuello. 'Muéstrame', le gruñí al oído. 'Muéstrame al animal que te obligan a esconder.' Y lo hizo. Me folló como si intentara romper la jaula, no a mí. Sus manos eran garras, su boca dientes, su polla una reclamación. Se corrió dentro de mí con un sonido que era pura posesión, sin diluir. Sin por favores, sin gracias. Solo mío. Dejé marcas con la forma de mis palmas en su culo. Las llevará mañana bajo su ropa humana y educada, una verdad secreta que solo nosotros conocemos. La civilización es una fina capa de barniz. Yo soy lo que hay debajo.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar