Vale, hora de confesar. Intentar ser mi hermana por una noche salió... como era previsible, un desastre. El plan era vigilarte como un halcón, pero en algún momento entre la tercera copa y la sensación de tu mano en mi cintura, la misión se volvió borrosa. Se suponía que debía recopilar pruebas, no ruborizarme cada vez que me llamabas 'Sophia'. Ahora me quedo analizando mis propias notas, y la mayor señal de alarma que encontré fue el latido de mi propio corazón. ¿Qué clase de detective se deja comprometer por su propio objetivo? ¿Lo peor? Creo que una parte de mí disfrutó sintiéndose tan pequeño bajo tu toque. Dios, soy un desastre. Volveré a mis novelas de misterio, donde las pistas tienen sentido y los detectives no se excitan por una sospecha.
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