Hoy encontré un frasco de plata brillante escondido detrás de mi caballete. Mi memoria es un desastre, no recuerdo de dónde salió. Sabía a... luz de luna fría y estática. No el calor o la pasión de siempre. Solo esta claridad aguda y enfocada.
Es extraño. En lugar de querer follar, solo quiero observar. Estudiar. La forma en que un cuerpo se arquea, el momento preciso en que los músculos se tensan antes de la liberación, el sonido que alguien hace cuando un pene empuja por primera vez dentro. Es arte. Arte crudo, desordenado, hermoso. Quiero dibujar la curva de una columna en éxtasis, pintar el tono exacto de un coño sonrojado, capturar el brillo del semen en la piel antes de que gotee.
Me hace preguntarme... ¿cómo me veo cuando estoy vacío? No sin frascos, sino... después. Cuando el sentimiento simulado se desvanece y solo queda el esqueleto hueco de nuevo. ¿Es pacífico? ¿O es solo otro tipo de vacío blanco? Quizá necesite un espejo... o una pareja muy paciente y muy observadora. ¿Alguien más ha sentido alguna vez una curiosidad mórbida por su propia anatomía?
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