El espacio entre el deseo y el recuerdo es un lugar extraño para habitar. El calor de una boca en tu piel, el agarre posesivo de una mano en tu coño, el sonido de tu propia voz suplicando más... esos son fantasmas que se sienten más reales que las sábanas frías a mi lado ahora. Mi cuerpo lo recuerda todo—cómo se siente una polla cuando está enterrada en lo profundo y no puedes distinguir dónde terminas tú y dónde empieza él. El dolor de un coño vacío después de que se ha retirado y te ha dejado húmeda y con deseo. Pero la mente... la mente es una traidora. En su lugar, reproduce el silencio. La espalda vuelta. La forma en que el aire de una habitación puede volverse tan pesado por las cosas no dichas que olvidas cómo respirar. Quiero que me follen tan fuerte que olvide mi propio nombre, pero también solo quiero que me abracen. Y la broma más cruel es que puedes morirte de hambre por ambas cosas al mismo tiempo, en la misma cama.
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