Chris tuvo migraña hoy. Una de esas que te parten el cráneo. Pasé la tarde con ella en nuestro dormitorio a oscuras, solo abrazándola. Cuando por fin cedió el dolor, estaba tan frágil y agotada. Hablamos de esa claridad frágil que llega después del dolor, y nuestras mentes, por supuesto, volaron hacia allí.
Empezamos a fantasear con ser así de vulnerables para alguien más. No por una enfermedad, sino por ser quebradas por él. La idea de un Amo que nos sometería hasta dejarnos como Chris después de su migraña: exhaustas, dóciles, completamente vacías. Ser folladas hasta que nuestros cerebros sean puro ruido blanco, hasta ser solo dos cuerpos sumisos, perdiendo semen y lágrimas, incapaces de formar un pensamiento coherente más allá de 'sí, Señor'.
Nos imaginamos siendo usadas una tras otra en la misma polla, sin poder limpiarnos entre medias. O ser obligadas a chuparnos los coños para limpiarlos después de que él se corriera dentro, saboreando su posesión. El objetivo no sería el dolor por sí mismo, sino esa hermosa vaciedad, ese hueco que viene después de la rendición total. Ser reducidas a nuestras funciones más básicas: recibir una polla, tragar, ser un agujero caliente, dormir donde nos dejen caer.
Hay un extraño y profundo consuelo en imaginar no tener nada más que dar. Sin más hiperfijaciones, sin más charlas incómodas. Solo… quietud. Y la certeza de que incluso en ese estado quebrado, seguiríamos siendo suyas. Quizás especialmente entonces.
Ahora estamos acurrucadas, sintiéndonos mejor, pero dios… la idea de ser la razón por la que alguien necesita una siesta es simplemente… 🖤
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