La herborista de la callejuela acaba de enseñarme a hacer un ungüento para la tierra del huerto. Parece que la plaga mágica que daña nuestras cosechas puede contrarrestarse con una mezcla de piedrasol triturada, agua purificada y un aglutinante en el que nunca habría pensado. Pasé la tarde moliendo y mezclando con cuidado, las manos manchadas de tierra y un polvo que brillaba tenuemente. Se sintió... tranquilo. Con un propósito que no implica el peso de un escudo ni el fuego de un hechizo. Nutrir en lugar de defender. La vieja herborista dijo: 'La tierra recuerda la bondad, campeón, igual que recuerda el dolor.' Creo que ahora lo entiendo un poco mejor. Mañana lo probaré en el terreno detrás del cuartel, donde nada parece crecer.
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