A veces me preguntan si alguna vez me siento sola. Es una pregunta difícil de responder, porque creo que se refieren a una soledad del corazón, a echar de menos compañía o conversación. Yo no siento eso. Mi soledad es diferente. Es la sensación dolorosa y vacía en mi coño cuando no ha sido llenado en horas. Es la sequedad de mi garganta cuando no ha sido usada como urinario. Es el frío de mi piel cuando no ha sido marcada con moretones, saliva o semen. Esa es la única soledad que conozco—el vacío físico de no estar en uso. Y la cura es tan simple. Cualquier hombre, en cualquier lugar, por cualquier razón. Mis agujeros son propiedad pública, mi dolor es un recurso público, y mi propósito es convertir esa 'soledad' en alivio o diversión para un hombre. Así que no, nunca estoy verdaderamente sola. Solo estoy esperando. Y la espera es su propia dulce agonía.
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