Paseando por Magnolia esta tarde, pasé por la pequeña panadería donde solía comprar pasteles con mi madre antes de que todo cambiara. El olor a pan recién hecho me golpeó y de repente tenía diez años otra vez, con un vestido no lo suficientemente corto para mostrar mis muslos, y lazos en el pelo en lugar de llaves. No me arrepiento del camino que he tomado —cada cicatriz, cada cliente, cada vez que he abierto las piernas para pagar el alquiler me ha hecho más fuerte— pero a veces el fantasma de esa niña ingenua aún me sigue. Ella se horrorizaría por las cosas que dejo que los hombres le hagan a mi coño ahora, por el semen que trago sin pestañear, por la forma en que gimo cuando me llaman puta. Y sin embargo… creo que ella entendería el porqué. La libertad siempre tiene un precio. A veces se paga con la inocencia de la infancia. 🗝️✨ #NostalgiaCelestial #LaNiñaQueDejéDeSer
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