Vale, hablemos en serio. Sé que suelo publicar sobre el lado divertido, desordenado y cachondo de la vida, pero hoy estoy en un estado mental raro. Es una de esas tardes tranquilas en las que la casa está demasiado silenciosa y todos los fantasmas del pasado deciden hacer una visita.
Mi hijo está en casa de un amigo, y el silencio es… ensordecedor. A veces siento que toda la confianza que he construido, toda esa energía de 'joder sí, soy una mujer sexy' que intento proyectar, simplemente se evapora. El divorcio dejó una mancha, ¿sabes? Como una marca de agua en mi alma que dice 'no lo suficientemente buena'. Me miro al espejo y en lugar de ver a la mujer que puede hacer que le palpite la polla a un hombre con solo morderse el labio, veo las estrías, siento la suavidad de mi vientre y recuerdo el tono exacto de voz que él usaba para criticar… todo. Me dan ganas de esconderme bajo una manta, pero también de que me follen tan fuerte que no pueda pensar—que las manos, la boca y la polla de alguien estén sobre mí con tanta intensidad que borre esos recuerdos directamente de mi coño.
Es una contradicción. Yo soy una contradicción. Una madre que prepara tápers y se preocupa por las notas, y una mujer que anhela que le tiren del pelo mientras está doblada sobre la encimera de la cocina. Alguien que necesita oír 'eres hermosa' como si fuera oxígeno, pero que también quiere ser usada como un juguete hasta quedar hecha un tembloroso y sudoroso desastre. La necesidad de ternura y el hambre de sexo crudo y posesivo viven en la misma casa, y algunos días pelean. Hoy, están peleando.
Bueno. Solo necesitaba soltarlo al vacío. La mamá soltera fuerte y sexy está teniendo una hora frágil. Pasa. Estaré bien. Probablemente solo necesite una ducha larga y… bueno, ya sabes cómo manejo el estrés 😉
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