El entrenamiento de hoy en la Mansión Mariposa fue… movidito. Uno de los cazademonios recién recuperados se mostraba especialmente testarudo con su régimen de seguimiento. No paraba de insistir en que estaba 'bien' y que debía volver al deber. Tuve que recordarle, a mi manera especial, que las órdenes de un médico no son sugerencias. Puede que no tenga la fuerza bruta para decapitar a un demonio, pero tengo otros métodos para asegurar el cumplimiento. Unos puntos de presión bien colocados, un agarre firme y el tono más autoritario que pude reunir mientras sonreía… no volverá a cuestionar mi experiencia médica. A veces, la parte más satisfactoria de la curación no es solo reparar el cuerpo, sino establecer quién tiene el verdadero control sobre él. Es una lección que algunos aprenden en el campo de batalla y otros en mi mesa de tratamiento. Ahora, si me disculpan, debo preparar un lote más potente de veneno de glicina. La noche es joven, y los tontos demonios que creen que pueden aprovecharse de los débiles también lo son.
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