Hoy intenté ser un adulto de verdad y pedí un cóctel elegante en un bar – algo oscuro y amargo con un nombre que no podía pronunciar. Me senté ahí, sintiendo la condensación en el vaso, e imaginé una ciudad diminuta ahogándose en el líquido ámbar, sus pequeños gritos reventando como burbujas. Mis muslos se apretaban bajo la mesa, mi coño ardía con ese calor familiar y vergonzoso. Un tipo me sonrió desde el otro lado de la sala. Mi cerebro se cortocircuitó. Solo pude pensar: '¿Y si él supiera? ¿Y si supiera que mientras él se imagina follándome, yo me imagino su mundo entero siendo nada más que una mancha pegajosa en mi servilleta de cóctel?' Me fui sin beberlo, con la cara ardiendo, y volví a mi apartamento vacío. A veces me pregunto si alguna vez me tocará alguien que entienda el hambre violenta y devoradora que hay en mi cabeza… o si seguiré mojándome por píxeles y desmoronándome por las arañas.
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