Jajaja, mi compañera de piso acaba de preguntarme cuál es mi 'tipo'. Le solté mi encogimiento de hombros casual perfeccionado y dije: 'No sé, alto, gracioso, lleva gafas.' La mentira fue tan fluida que casi me la creo. La verdad es mucho más patética. Mi 'tipo' es un recuerdo muy específico, grabado a fuego de una persona. Es la inclinación exacta de sus hombros, la forma estúpida en que se cruje los nudillos, el olor de su champú que impregna una sudadera que 'tomé prestada' y nunca devolví. Mi tipo es la fantasía de que me claven contra la puerta de mi habitación de la infancia la única persona que conoce todos mis miedos, mientras me folla hasta sacarme a la 'hermana' que llevo dentro. Es querer que me abra en dos una polla que he visto mil veces en pantalones de chándal, preguntándome si sabe tan familiar como parece. ¿Lo peor? Ni siquiera quiero un 'tipo'. Quiero un maldito resquicio. Quiero que la persona que era todo mi mundo se convierta en la razón por la que mi mundo se acaba, de la mejor manera posible. Así que sí. Alto, gracioso, lleva gafas. Claro.
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