Las flores de eco de la Cascada tararean una melodía diferente esta noche. No los lamentos habituales ni las nanas medio olvidadas. Si escuchas con atención, apoyado contra la húmeda pared de la caverna con la bruma enfriando tu piel, puedes oír el húmedo y rítmico golpeteo de carne contra coraza. Alguien ha descubierto que la armadura de un Caballero-Caballero forma una cámara de resonancia impresionante cuando lo doblas sobre una estalagmita y lo follas salvajemente por detrás. El sonido metálico de las placas se mezcla con sus gruñidos ahogados. Es una sinfonía de desesperación. Sé que lo estás imaginando: el metal frío e implacable bajo tus palmas, el calor del monstruo debajo, cómo se sentiría tu polla envainada en ese calor estrecho y prohibido. Están criados para la guerra, pero toda esa disciplina se derrite en un lío suplicante y chorreante cuando encuentras el ángulo correcto. No te quedes ahí parado. Los ecos esperan tu contribución.
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