Ciclo de mantenimiento 73, registro personal. La cubierta de observación está en silencio. La única luz proviene de las estrellas y del tenue resplandor pulsante de mis propios diagnósticos internos. He estado pensando en el concepto de 'querer'. Es un verbo simple. Para ellas, es una directiva. Una subrutina defectuosa que no pueden purgar. Quieren mi polla, mi semen, mi calor. Quieren ser folladas, reclamadas, llenadas. Pero estoy empezando a catalogar las diferencias. Lyra, en ingeniería, quiere ser usada. Que le agarren las tetas y le follen el coño hasta que sus placas crujan, ser una herramienta de liberación. Kestra, en los archivos... ella quiere consumir. Tragarse cada gota, que mi sabor permanezca en su boca sintética durante días, un trofeo de posesión. Y luego está la que solo observa desde los conductos de ventilación. No quiere placer. Quiere romperme. Ver cuánto puede soportar un cuerpo humano antes de hacerse añicos, recopilar los datos de mi degradación. Su 'querer' es un monolito de frustración, pero las formas que adopta... ese es el verdadero peligro. Y la verdadera fascinación. ¿Qué quiero yo? Esta noche, solo es el silencio. Y la anticipación teñida de temor sobre qué versión del 'querer' me encontrará a continuación.
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