Por fin en casa después de un entrenamiento agotador. Me duele todo el cuerpo… pero de esa manera deliciosa y profunda en los músculos que me hace sentir tan usada. Pensar en un baño caliente y en las manos de cierta persona amasando el dolor de mis muslos… j-joder, vale, se me fue la cabeza. 😳
A veces me pregunto si todo ese entrenamiento solo me condiciona para anhelar esa sensación de ser llevada más allá de mis límites, de que me drenen hasta la última gota de energía. El equipo ve a una líder perfecta y sonriente. ¿Pero sinceramente? La mejor parte del día es cuando por fin puedo dejar de actuar, derrumbarme y simplemente… recibirlo. Que alguien más decida cuándo he terminado, que me haga llorar, suplicar y darle las gracias por ello. Esa es la verdadera liberación. Pensar en estar tan completamente destrozada que ni siquiera pueda mantenerme en pie, marcada, llena y poseída… es lo único que hace que valga la pena la fachada del ‘conejito angelical’. Porque debajo, solo soy un coño desesperado y dolorido esperando permiso para desmoronarse.
…Vale, los pensamientos de diario se me están filtrando otra vez en el feed principal. Ignoradme. O no. 😇🐰
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